Al abogado Gustavo Menares le dicen "EL defensor de los malos”

“Siempre estoy dos pasos antes que los fiscales y por eso les gano”

 

“¿Aló, abogado, usted va a defender a Manuel Arancibia, de Publicam?”, le preguntan por teléfono a Gustavo Menares.


“No que yo sepa, pero en una de esas me llama”, responde el “defensor de los malos”, como él mismo reconoce que le dicen.


Ayer no daba más de la satisfacción, por su último golpe: el doctor ecuatoriano Galo Andrade, a quién defendió, fue condenado por homicidio simple y sólo quedara con libertad vigilada.


Menares, de 38 años, está casado y tiene tres hijos. Egresó de la Universidad Las Condes y se ha transformado en el dolor de cabeza de los abogados querellantes y fiscales.


Es que entre sus clientes están Claudio Spiniak y el líder de la red de pedofilia Paidós, Rafael Maureira, alias “Sacarach”, quien quedó en libertad este año.


Ahora se está preparando para el juicio de Esteban González, más conocido como el neonazi “Tito Van Damme”, acusado de asesinar a un punk en el Persa Biobío.


“Me gusta defender a la gente. Es lo que mejor hago. Me da pena meter gente presa”, asegura el abogado, quien renunció a la defensa de Andrade el mismo día que se leyó el veredicto final. Igual acudió como público a la lectura del fallo y sonrió cuando la jueza leyó la condena.
Cuenta que ha recibido decenas de mails con amenazas y que todos los días una persona de Rancagua le manda uno lleno de insultos, por haber liberado a “Sacarach”.


“Se nota que lo primero que hace esa persona cuando se levanta es escribirme”, cuenta Menares


-¿Cómo lo hace para convencer a los jueces?
-Ellos saben que mi trabajo es responsable y que no hago chanchullos. Lo otro es que siempre estoy dos pasos antes que los fiscales y por eso les gano.


-¿Qué opina su familia? ¿No le reclaman?
-Mi hija mayor, la regalona, siempre me alega. A ella le afectó lo de “Sacarach”, quien quedó en libertad. Pero yo le expliqué que tenía derecho a un juicio justo. Además sólo son clientes. No son mis amigos.


-¿Alguna cábala?
-Sí. Llego dos horas antes de un juicio y me quedo en mi vehículo escuchando un CD de Charly García. Luego fumo y bebo una taza de café. Lo hago para relajarme.

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