El trabajo no es cosa de niños!!! Imprimir E-Mail

 

El trabajo infantil es algo que siempre ha existido, pero no por ello debemos dejar que los niños sigan siendo explotados frente a nuestros ojos.  Algunos padres abusan de su condición de pobreza y mandan a sus hijos al mundo laboral, mientras muchas veces ellos mismos no trabajan.

 

La explotación económica de los niños es un insulto para la humanidad y lamentablemente  en todo el mundo sigue habiendo niños y niñas que trabajan, poniendo en peligro su educación, su salud, su desarrollo normal e incluso su propia vida.

   

En América latina es alto el porcentaje de niños que se ven obligados a trabajar.  La Organización Internacional del Trabajo (OIT)   señala que esto sucede principalmente por causas como: la pobreza, la inestabilidad política, la discriminación, la emigración, las prácticas culturales tradicionales, la falta de trabajo para los adultos, la protección social inadecuada, la escasez de escuelas y el deseo de bienes de consumo. A lo que se suma la explotación de empleadores que “contratan” niños para obtener mano de obra barata y flexible.

 

En ese sentido nuestro país no permite que un menor de edad tenga un contrato de trabajo antes de los 16 años. Pero la realidad no siempre se rige por la ley, y ante los ojos de todos día a día trabajan centenares de niños. Es más, cada vez que vamos al súper mercado vemos como los niños están trabajando, y nadie se inmuta, además están trabajando bajo “el alero” de una empresa que les exige normas, horarios y cuidados, sin embargo no les paga, si no que “les da  la oportunidad de trabajar”. Si bien es cierto que los niños que trabajan dentro de un supermercado corren muchos menos riesgos que los que trabajan en la calle o en el campo, igualmente están trabajando para una empresa que ni siquiera se responsabiliza de ellos y no les paga nada a cambio de una “oportunidad de trabajo”.

 

En Latinoamérica hay otro factor que incide en el  hecho de que los niños deban salir a trabajar, y es que las familias de escasos recursos generalmente son muy numerosas y muchas veces alguno de los hermanos (generalmente mujer) debe hacerse cargo del resto. Y eso igual es una forma de trabajo, porque a esa niña se le está negando la oportunidad de ser niña al obligarla a asumir las labores de dueña de casa.

 

En general los niños más pobres de América Latina están marcados por un futuro incierto porque trabajan desde muy jóvenes y muchos de ellos lo hacen en la calle, corriendo el riesgo de caer en el peor de los trabajos, el comercio sexual. Si bien esto se da más en Brasil y los países del caribe, no podemos dejar de recordar que hace algunos años se conoció la historia de varios menores que habían trabajado como “taxi boys” y que recibían dinero para ser parte de las “fiestas” de Claudio Spiniak. Por eso no se deben cerrar los ojos, no hay que hacer la vista gorda y hay que evitar cualquier tipo de explotación infantil.

 

 

Por Karen von Schwedler.-

 

 
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